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El Reiki como Disciplina Espiritual. Primero Sánate a Ti Mismo

Primero Sánate a Ti Mismo

Existe un malentendido común en el mundo moderno sobre el Reiki: verlo únicamente como una herramienta para “arreglar” a los demás. Muchas personas se acercan a esta práctica con un deseo genuino de ayudar, de aliviar el dolor ajeno. Y si bien este es un propósito noble, la tradición nos enseña una verdad fundamental: no puedes dar lo que no tienes.

Para Mikao Usui, el Reiki era ante todo, un camino de autodescubrimiento y disciplina espiritual. La capacidad de sanar a otros no es el objetivo final, sino un efecto secundario natural de tu propio proceso de iluminación y limpieza interna.

Un canal de luz limpio

La Metáfora del Canal Limpio

Imagina que eres una tubería por la que debe pasar agua pura y cristalina, en este caso la Energía Universal. Si la tubería está oxidada, sucia o bloqueada por tus propios miedos, juicios y heridas no sanadas, el agua que llegue al otro lado saldrá turbia o con poca fuerza.

Ser un practicante de Reiki significa asumir la responsabilidad de mantener tu tubería limpia. Esto se logra a través de la disciplina diaria: la meditación, la práctica de los Cinco Principios –explorados anteriormente en este blog– y, crucialmente, el autotratamiento.

El Autotratamiento: Higiene para el Alma

Del mismo modo que tomamos un baño a diario para limpiar el cuerpo físico, el autotratamiento de Reiki es el baño diario para nuestros cuerpos sutiles. Es el momento sagrado en el que te nutres, equilibras tus propios chakras y te alineas con la Fuente.

Un sanador que no se aplica Reiki a sí mismo corre el riesgo de drenarse, de absorber energías ajenas o de proyectar sus propias sombras en el paciente. En el CESIM, enfatizamos que la sanación más importante es siempre la propia. Solo cuando tu copa está rebosante, puedes ofrecer el exceso a los demás sin vaciarte.

Una Forma de Vivir

El Reiki no es algo que haces durante una hora en una camilla; es una postura ante la vida. Es elegir la compasión sobre el juicio, la calma sobre la reacción y la luz sobre la densidad, momento a momento. Convertirse en un canal claro no es un destino, es una disciplina constante de amor propio y servicio a la Luz.

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